Sintra
Sintra fue, en el siglo XIX, una de las primeras cunas de la arquitectura romántica en Europa y el Palacio de la Pena es uno de sus máximos exponentes en Portugal.
Este colorido Palacio fue construido en 1839, sobre las ruinas del convento de los Jerónimos y está situado en lo alto de la Serra de Sintra. Su nombre se debe a la primera construcción de la que se tiene constancia. Una pequeña ermita dedicada a Nossa Senhora da Pena, durante el siglo XII.
Por afuera destaca su estilo ecléctico. Por adentro, el mobiliario del siglo XIX, que ha permanecido allí desde que fuera habitado por familia real.
Otro Palacio de Sintra muy visitado es el de Monserrate, que data del siglo XVIII. Su primer propietario fue Caetano de Mello e Castro, Virrey de la India, de allí que tenga unas pinceladas indias en su arquitectura neogótica. También se deja notar la inspiración árabe en su minucioso trabajo en estuco, azulejo y otros materiales nobles.
Además de la belleza de esta mezcla, resalta la tranquilidad del entorno, como la amplia zona de césped junto al palacio y su espectacular jardín botánico, con más de 3000 especies exóticas de todo el mundo.
En 1560, dentro del Parque Natural de la sierra de Sintra, Álvaro de Castro, por orden de su padre, el virrey, hizo construir el Convento de los Capuchinos, de Santa Cruz o del Corcho.
Sus diminutas celdas y dependencias, ubicadas sobre la roca y forradas de corcho, nos dejan ver la humilde y austera vida diaria de los frailes de la Orden de San Francisco, quienes ante todo, privilegiaban la espiritualidad.
A las afueras del centro histórico de Sintra, se encuentra la Quinta da Regaleira, diseñada y mandada a construir a finales del siglo XIX por Antonio Augusto Carvalho Monteiro, un adinerado abogado, al que le fascinaban las órdenes religiosas secretas de los caballeros templarios y los masones.
Este paisaje arquitectónico lleno de simbología y misterio, guarda construcciones de estilo gótico, renacentista, manuelino y románico, como el Palacio de la Regaleira o la Capilla de la Santísima Trinidad, pero es en sus jardines donde querrás pasar más tiempo, pues, en estos hallarás decenas de esculturas, túneles secretos, cascadas, portales, grutas, fuentes y su famoso pozo iniciático.
El elemento principal es, sin duda, la torre invertida; más conocido como el pozo iniciático.
Carvalho Monteiro, quiso vivir rodeado de todo el poder del simbolismo de la Logia Masónica e inspirándose en este culto y en una serie de visiones que tuvo, diseñó un profundo pozo de piedra de 27 metros en forma de espiral, con nueve pisos conectados, entre sí, por 9 tramos de escaleras de 15 peldaños. Estos nueve giros simbolizan el infierno de la Divina Comedia de Dante. La sensación recuerda también el famoso viaje al centro de la tierra de Julio Verne quien por cierto, también se relacionó con los masones franceses del siglo XIX.
Ya casi al final de nuestro recorrido, fuimos a otro de los sitios más emblemáticos de la historia de Portugal: El Castillo de los Moros, conquistado por los cristianos en 1154, durante el reinado del primer rey de Portugal; Afonso Henriques.
Luego, en el siglo XIX, el rey Fernando II de Portugal, lo mandó a reconstruir para integrarlo en los jardines del Palacio da Pena, recuperando así la relevancia de la que había sido despojado.
El castillo cuenta con 450 metros de fortaleza, y cinco torreones, uno de los cuales es tan alto que es necesario subir 500 escalones para llegar a la cima.
Para terminar les dejo algunas de las vistas desde lo alto de las ruinas del castillo y también otras desde el Cabo da Roca, ubicado a unos 18 kilómetros al oeste de Sintra. Se le conoce como <<el acantilado donde acaba Europa>> por estar en el punto más occidental de Europa continental.
Sobre este último, recomiendo que busquen un ángulo que recoja mar, acantilado y faro pero siempre atentos a las señales porque al ser un entorno natural que se desea que permanezca así, no cuenta con medidas de seguridad efectivas. Recomiendo también, antes de despedirme, que si van con niños pequeños y/o escurridizos, tomen doblemente en cuenta lo de las medidas de seguridad.
¡Tchau, até à próxima!