Bucarest
Tras repasar su historia pienso que esta ciudad es sin duda un símbolo de resiliencia pues al ser codiciada por sus vecinos turcos, rusos y austriacos, ha pasado por numerosas invasiones y sin embargo, al final, siempre ha encontrado la forma de recuperar su terreno.
Es la capital de Rumanía desde 1862, la mayoría de su gente es ortodoxa, su moneda es el Leu y su lengua es el rumano; este idioma pertenece a la rama oriental de las lenguas romances, siendo la quinta más hablada del mundo después del español, el portugués, el francés y el italiano.
Su mejor época fue entre los años 1881 y 1914, durante el reinado de Carlos I, pues inspirado en el estilo francés hizo construir extensas avenidas arboladas y grandes edificios neoclásicos que dotaron a Bucarest de un repentino auge económico y social. Su fama fue tan emergente que empezó a ser llamada «La pequeña París», «La París del Este» o «El París de los Balcanes», lamentablemente los siguientes años perdería gran parte de su patrimonio monumental.
En 1916, durante la Primera Guerra Mundial, cayó en manos alemanas y en 1940 fue bombardeada por los aliados. En 1944, cuando Rumanía se pasó al bando aliado, fue bombardeada por los alemanes, momento en el que, practicante destruida, pasó a manos del ejército rojo. Unos años después, en 1977, un fuerte sismo le derrumbó numerosas edificaciones y luego, en 1980, el presidente Nicolae Ceausescu, con la finalidad de renovar la ciudad, decidió derribar una quinta parte de los edificios del centro para construir otros con un estilo más soviético. Finalmente en 1989, la revolución que acabaría con el comunismo también ocasionaría estragos.
Después de tanto desastre, es admirable el trabajo que han realizado para salvar algunos de sus monumentos históricos y que lograran recuperar la esencia de su casco histórico.
Entre la Avenida de la Victoria y el barrio de Lipscani se encuentra la Iglesia Stavropoleos, construida en 1724 y uno de los monumentos más apreciados por la ciudad.
Debido a su mal estado, hubo un momento en el que se pensó demolerla, pero gracias a la intervención del arquitecto rumano Ion Mincu, se consiguió su restauración y con esto la conservación de un ejemplo de la vieja arquitectura rumana.
Al principio era un monasterio que contaba con una posada y anexos a este, pero estos sí que fueron demolidos a finales del siglo XIX. Luego, debido a los sismos, perdió también su cúpula, de modo que todo lo que queda del monasterio original es la iglesia, junto con un edificio de principios del siglo XX que alberga una biblioteca, una sala de conferencias y una colección de objetos eclesiásticos que datan de principios del siglo XVIII.
Muy cerca de allí se encuentra el Macca Vilacrosse, un pasaje lleno de cafeterías, bares y restaurantes, concurrido tanto por turistas como por residentes.
Y como en toda capital, hay largas calles por donde pasear, cosa recomendable, porque se van encontrando otras perlas históricas además de tiendas con artículos y ropa tradicionales que muestran las distintas facetas de su cultura.
Al final del Boulevard Uniriri, una gran avenida flanqueada por árboles a lo largo de sus 4 kilómetros de extensión, se encuentra la Plaza de la constitución, enfrente del Palacio del Parlamento Rumano, un monumento polémico pues a pesar de ser una de las joyas de Bucarest, recuerda siempre lo desmesurado que fue el gasto que supuso construirlo, y todo esto en una época en la que la pobreza azotaba a gran parte de Rumanía. Además, como ya comentamos antes, para su realización hizo falta demoler una gran parte de edificios, entre ellos: más de 7000 casas, doce iglesias, dos sinagogas, tres monasterios y varios barrios de la parte alta de la ciudad.
Ceausescu, su creador, no alcanzó a verlo terminado pues fue ejecutado 8 años antes de su finalización.
Llegada la noche la ciudad se enciende y hay mucha vida social. Merece la pena dar otra vuelta por sus calles pues encontrarás resaltados a varios de sus monumentos gracias a la iluminación con la que los envuelven.
Ya para acabar, les dejo lo que más me fascinó de esta ciudad. Sus 44 fuentes a lo largo de toda la avenida Unirii. Ya de por sí llaman la atención tanto de día como de noche pero, de mayo a octubre, cada fin de semana, reproducen un espectáculo nocturno llamado <<Simfonia Apei>> en el que se sincronizan luces, música y el movimiento del agua de todas sus piletas. Aunque suelen tener horarios fijos, estos pueden cambiar conque lo mejor para no perdérselo es estar al tanto de sus programaciones. Aquí puedes encontrar esta información.
¡Adiós y hasta el próximo post!