Brujas
Da igual en qué época del año se planifique venir a esta preciosa ciudad porque los atractivos que despliega, se pueden ver y disfrutar en cualquier momento. Uno de ellos, quizás el principal, es el magnífico estado en el que conserva su arquitectura medieval; por donde se vaya, se encuentran casas y edificios que datan entre los siglos XIII Y XVIII, siendo los construidos entre los años 1400 y 1600 los más esplendorosos, puesto que en este período, Europa, y en particular, Brujas, vivió un importante auge económico y cultural.
Esto se debió a la estratégica ubicación del puerto de Zwin, pues permitió el comercio con otras ciudades europeas y la convirtió en un importante centro comercial y financiero.
Uno de los puntos neurálgicos de la ciudad es su «Plaza del mercado» más conocido como Grote Markt; allí se hayan distintos puestos que ofrecen productos locales, entre ellos, quesos, artesanías, chocolates y cervezas belgas o sus famosas patatas fritas.
Allí también se pueden encontrar varios puntos de interés, como la torre del campanario Belfort, que ofrece una impresionante vista panorámica de la ciudad.
Pasear por esta ciudad es realmente entretenido, hay cafeterías con encanto, dulcerías donde se puede ver como amasan el caramelo antes de ser solidificado, chocolaterías que ofrecen este producto en diversas presentaciones; incluso hay un museo del chocolate en el que se cuenta su historia, desde su origen en Mesoamérica hasta su llegada a Europa y el recorrido incluye una demostración en vivo de cómo lo trabajan ellos y la oportunidad de probar algunas muestras de chocolate belga de alta calidad.
Pasar aquí el día es relajante pero todo hay que decirlo y yo tuve una experiencia que quiero compartir para evitar que les suceda a ustedes. Iba paseando tranquilamente, abstraída por el encanto de las barcas en sus canales, de sus callejitas estrechas; algunas de las cuales sólo permiten el ancho de una persona, de sus pintorescas casitas y sus impresionantes edificios de la edad media, cuando de repente una de estas carrozas tiradas por caballos, cosa que, creo yo, ya debería prohibirse porque, sobretodo en verano, hacen caer literalmente muertos a los animales por el calor y el esfuerzo, se me vino encima, y todavía el cochero tuvo la desfachatez de gritarme por no estar atenta a su paso. Un paso que por cierto, no aminoró, pues daba por hecho que todos debían correr para hacerle espacio sólo porque iba anunciándose a gritos. Afortunadamente el caballo tuvo más consideración que él y se paró, ya que de no hacerlo, aunque me hubiera esquivado, el coche me habría dado. En cuanto al personaje que lo conducía se marchó con una mirada de molestia y unos cuchicheos que imagino que decían de todo menos un lo siento.
Bueno, quitando ese mal rato, debo reiterar que pasear por esta ciudad es un placer y que no tiene pierde.
Es muy probable que en medio de tu paseo escuches una leve música a base de campanas. Estas campanadas prodecen del carrillón de la torre de la «Iglesia de Nuestra Señora»; son 47 y se usan para anunciar las horas, pero además tintinean temas melodiosos que se pueden escuchar en toda la ciudad, siendo una de las muchas características distintivas y encantadoras de Brujas.
Otra joya de esta iglesia, es la escultura de mármol hecha por Miguel Ángel en 1504; una de las pocas creaciones que realizó fuera de Italia. Su nombre original es «Onze-Lieve-Vrouw met Kind», que en español significa «Nuestra Señora con el Niño», pero también es conocida como «La Madonna de Brujas», y es considerada una de las obras más importantes de la ciudad.
Para terminar aquí les dejo esta representativa estatua de un lugareño cualquiera comiéndose unas patatas fritas sentado en la plaza del mercado. Se llama «De Frieteters», que se traduciría como «Los comedores de papas fritas». A esto, sumo una historia que explicaría por qué son marca registrada de Bélgica cuando «la papa» en realidad es un producto oriundo de la región andina de América del sur. Dicha versión cuenta que las papas fritas se originaron en Bélgica, en el siglo XIX, cuando los belgas, a falta de pescado, pues el río estaba congelado y no se podía pescar, comenzaron a cortar papas en forma de bastones y a freírlas en el aceite caliente en su lugar. Conque, es verdad, las papas son de origen andino pero esa manera de hacerlas se descubrió en Bélgica. Los franceses tienen su propia versión sobre ello pero no vamos a liarla, quedémonos con que las papas fritas están buenazas las comas donde las comas.
¡Tot ziens en tot de volgende keer!