El Cairo

Conocer un lugar icónico siempre es fascinante, y si además alberga la única de las siete maravillas antiguas que aún existe, ya ni qué decir. 

¿Qué puedo contar de este recinto que ya no se haya dicho antes? Basta con que escribas «pirámides» en el navegador para que encuentres páginas y páginas de información. Por eso en este post, compartiré algunas anécdotas y consejos basados en nuestra experiencia que puedan servir a la suya. 

La de las reservas. 

Empezaré comentando que veníamos postergando este viaje desde el 2020. Sí, ese año en el que la pandemia nos dejó con las maletas hechas y el corazón roto. Pero al menos no perdimos ese dinero porque todo el itinerario se reservó a través de Paypal y, gracias a eso, pudimos recuperarlo. Durante este viaje conocimos a un griego que nos comentó que, ese mismo año, le pasó lo mismo con un tour que tenía programado a Perú, y que aún seguía esperando los reembolsos, incluso dijo que ya casi los daba por perdidos, conque debo decir, que el centro de resoluciones de esta plataforma de pagos realmente funciona. 

La de la ropa.

Siguiendo los consejos que encontré por internet, preparé una maleta con faldas largas, mangas de tres cuartos y fulares. Supuestamente, al ser otoño, las temperaturas serían templadas, pero lo que nos encontramos fue un clima bastante cálido. Afortunadamente, por tema de conexiones, pasaríamos también por Atenas y decidimos que nos quedaríamos allí unos días, razón por la que también llevé camisetas, shorts y algún vestido liviano. Esto me salvó. 

Resulta que el calor que estaba haciendo no era el que hace en verano, cierto, pero a pesar de que sus temperaturas bajan, en su otoño continúa haciendo mucho calor, sobretodo al mediodía, y lo que toca es ropa ligera; aunque siempre recordando que es un país musulmán y que así como a nosotros nos desconcierta verlos tan tapados, a ellos también les desconcierta los escotes, así que para evitar ese choque cultural, recomiendo prendas más sueltas que pegadas y a poder ser, que cubran el pecho; no es porque sus normas en cuanto a vestimenta sean demasiado drásticas, de hecho, en las zonas turísticas vi shorts, vi camisetas sin mangas y apenas vi fulares, sino porque siempre es mejor ser prudentes, y a donde fueres, haz lo que vieres. 

Por el calor, yo tuve que quitarme la falda larga y ponerme un vestido tipo boho, pero para estar segura, me puse debajo un short y atiné pues de otro modo no habría podido subir al camello y habría sido una pena.

También recomiendo gorras o sombreros de los que cubren el cuello, gafas de sol (la resolana en la arena resplandece bastante), y, claro, protector solar. Yo suelo llevar siempre un abanico y siempre me viene bien. Vi además que mucha gente llevaba mini sombrillas (tipo paraguas), con protector UV para los rayos solares y deseé haber tenido uno, de hecho los busqué luego por la ciudad, pero no son nada fácil de encontrar conque si puedes traer uno de esos en tu equipaje, te aseguro que valdrá la pena. 

Por último, para tus pies, zapatillas de un color claro que sean cómodas y de piel o similar, así puedes limpiarlos con agua y jabón al final del día o antes de volver a salir. Yo también suelo incluir sandalias de baño en la maleta. Lo que no llevé fue un bañador (de una sola pieza), y lo lamenté, pues con el tiempo que hacía, me habría venido de maravilla meterme a la piscina.

La de los ángulos. 

Otra cosa que en la que no me fijé en internet fue en este tema. No digo que no lo pusieran, de hecho en instagram hay muchos ángulos desde los que inspirarse pero, de verdad que no me fijé. Uno piensa que ya estando allí las fotos salen solas, pero no. La mañana se pasa volando y uno está abrumado. La emoción de estar allí, el calor, la resolana, las distancias… en fin, que no ves por donde vas, así que sin darte cuenta, tomas una y otra vez la misma foto, pirámide, pirámide, esfinge, pirámide y caminas y caminas hasta que te entra la sed y el agua helada se vuelve tan preciada como las vistas. Al menos así me estaba sucediendo hasta que un guía que andaba por allí, me abrió los ojos. 

En ese momento yo creía tener ya todas las fotografías hechas y que él solo quería ganarse una propina (a esto debo decir que suelen dar buenos consejos y que son gente muy humilde que vive de de esto, así que déjate ayudar y no los dejes con las manos vacías), pero entonces me mostró una foto con un fondo que me pareció imposible (todas las pirámides estaban dentro de él) y pensé que estaría editada, o que estaría hecha por un dron, incluso se lo dije, pero él me señaló a un grupo de gente que, evidentemente, posaba, entonces se despertó la fotógrafa que llevo dentro. Había que caminar, pero eso ya lo estábamos haciendo, sólo que sin rumbo, en fin, que cuando llegamos no me podía creer que íbamos a irnos de allí sin haber encontrado ese ángulo. A partir de entonces empecé a fijarme en el entorno para encontrar los conjuntos que envuelven a las pirámides.  

La del interior.

Dos cosas con respecto a esto: 

1. Se puede pensar que al meterse se va ha conseguir escapar del calor. Pues no. Es como meterse en un sauna. Si, como muchos, como yo misma, quieres vivir esa experiencia, perfecto, pero debes saberlo. Yo no lo sabía. Aún así, ya adentro, lo mentalicé pensando eso, que estaba en un sauna, y continué. Entonces vino lo segundo. 

2. Llegado un momento las alturas empiezan a decrecer. Y hay que encorvarse bastante. Incluso en un momento hay que subir una especie de escalones a gachas, usando las manos como dos piernas más, y si no lo sabías te puedes agobiar y mucho. Quieres retroceder pero no puedes porque hay una hilera de gente detrás tuyo, cual hormigas, uno detrás de otro, y casi no hay espacio para girarse. Así que tienes que seguir avanzando y parece que eso nunca va a acabar además, también «parece», que el espacio se va reduciendo en anchura y altura. Ya he estado antes en catacumbas, en las que además no había luz pero esto, debo decirlo, me asustó. Recordé lo enorme que es una pirámide y pensé que ese recorrido no podía ser corto, así que quise sentarme para respirar y asimilar el resto del recorrido, pero como no había espacio ni tiempo, casi me da un ataque de ansiedad. Recuerdo haber gritado algo como ¡No puedo más!  Y, ¿La respuesta? Algunas risillas de gente que estaba en las mismas que yo pero que, por lo menos, parecían saber en lo que se habían metido. Entonces un buen samaritano que iba de salida me dijo que sí podía, que el recorrido no era tan largo como me lo estaba imaginando, que habían ventiladores al final del camino y espacio para enderezarse y estirarse. Gracias a eso pude calmarme y seguir (supe que ya estaba bien cuando pensé en hacer alguna foto, jeje). 

La de los miradores.

Algo más que me sorprendió fue la cantidad de miradores que hay para poder apreciar el atardecer de esta belleza sin aglometraciones, casi todos en las azoteas de los hospedajes,  pero, además, en la de muchos restaurantes donde puedes verlo tranquilamente mientras comes o bebes algo. Por la noche, por cierto, hay un espectáculo de luces que también puedes verlo desde estos lugares mientras cenas. 

Y con esto concluyo lo que fue nuestro trayecto por este magnífico lugar, primera parada, por supuesto, pero no la única. Evidentemente las pirámides son las joyas más preciadas del Cairo, pero hay otras cosas que ver y hacer en esta ciudad, como pasear por sus calles, navegar por el Nilo o conocer un poco más de su historia en sus museos, de hecho aquí: blog de fotos, también subiré unos reportajes fotográficos de nuestros recorridos por algunos de estos sitios. Que los disfruten!!!

Ma’a Salama!